Argentina: un ejemplo de virtuosa articulación entre universidad, productores y sector empresarial

Una novedosa iniciativa partió de la academia, llegó a pequeños productores e involucró a una empresa privada. Uno de sus responsables es el profesor argentino Juan Marcelo Zavala, investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral, en Esperanza, provincia de Santa Fe, Argentina.

 La experiencia se presentó al II Concurso de Buenas Prácticas en Agricultura Familiar y fue una de las seleccionadas. Por ese motivo lo entrevistamos:

—¿En qué consiste, a grandes rasgos?

—Es una experiencia de trabajo con pequeños productores del norte de la provincia de Santa Fe que surgió a partir de diferentes trabajos de investigación que venimos realizando. Nosotros somos docentes investigadores y estamos trabajando con la introducción a cultivo de especies forrajeras nativas. En ese marco hicimos diferentes proyectos de investigación y concluimos con un programa de mejoramiento en el que desarrollamos algunos cultivares de leguminosas forrajeras. Con la idea de que pequeños productores participen en el trabajo que veníamos haciendo, se nos ocurrió realizar un proyecto con ellos y con la empresa semillera a la que la Universidad Nacional del Litoral le va a licenciar los materiales para trabajar entre los tres.

La idea es que los pequeños productores siembren estas especies en sus campos. Generalmente las leguminosas forrajeras están en baja proporción en los pastizales. Estos pequeños productores son productores ganaderos con poca superficie, pocas vacas y que en general usan el pastizal natural para dar forraje a los animales. En ese contexto, planteamos un esquema de trabajo en el que ellos siembren estas especies, estas leguminosas que están en baja proporción en los pastizales. Esa siembra les trae ventajas relacionadas con la calidad del forraje que ofrecen y les da la posibilidad de mejorar la fertilidad mediante la aplicación biológica de nitrógeno que hacen. Y además de utilizarla como forrajera, la idea es que se especialicen en producir semillas de estas especies y se la vendan al semillero para que las comercialice. De esta manera podrían tener una entrada extra además de la producción de carne.

—Se apunta a que aumente la producción de carne dándole un mejor forraje al ganado…

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—Sí, eso es lo primero. En segundo término, que esos productores además cosechen semilla de esas especies que siembran y la puedan vender, en este caso al semillero, para que después la comercialice.

—¿En qué etapa está el proyecto ahora?

—Estamos en la etapa de incremento de la superficie de siembra. Empezamos con poca superficie para que los productores empezaran a conocer las especies. Otra cosa interesante es que para estas especies hay que adaptar los sistemas de cosecha, porque tienen algunas características que hacen que la cosecha sea dificultosa. Por ejemplo tienen dehiscencia, tienen fructificación despareja, entonces hicimos un proyecto en el que junto con los productores desarrollamos la tecnología de cosecha a partir de la fabricación de una maquinaria especial. Empezamos con poca superficie, como te decía, y en esta etapa, este año ya estamos para hacer más o menos 10 hectáreas de estas especies para cosechar semilla.

—¿Es la primera vez este año?

—No, venimos sembrando estas especies en los campos de pequeños productores desde el 2013, aproximadamente, desde hace tres años. Este sería el cuarto año. Empezamos con un espacio pequeño, de menos de media hectárea, y ahora ya con la ayuda de la empresa y de los productores ya tendríamos más o menos para sembrar 10 hectáreas.

—¿Siembran las 10 hectáreas juntas?


—No, esas 10 hectáreas están distribuidas en diferentes campos. Estos productores tienen poca superficie, entonces la idea es que destinen de 1 a 3, 4 hectáreas, estaríamos trabajando con cuatro o cinco productores que sembrarían estas especies y harían un uso comunitario de la maquinaria. También se está construyendo un galpón adonde iría la semilla, en un predio que tienen en la localidad de Alejandra, en Santa Fe. Entonces la idea es que cada productor siembre una superficie y después se comercialice todo junto.

—Están trabajando con pocos productores por ahora...

—La asociación con la cual estamos trabajando tiene cerca de 140 productores. Como estamos incrementando de a poco la producción de semilla, empezamos con dos productores y ahora ya estamos en condiciones de trabajar con cuatro o cinco. La idea es que a futuro se vayan sumando cada vez más productores, en la medida en que tengamos volumen de semilla.

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—¿Cuál es esta leguminosa forrajera? Porque supongo que hay muchas que sirven para alimentar el ganado. ¿De qué especie estamos hablando?

—Sí, hay muchas leguminosas que tienen valor forrajero. Pero nosotros hemos elegido algunas especies que son nativas de América, que son del género Macroquilium y del género Desmantis. Son conocidas por los que trabajan en estos temas, pero en realidad son especies que no se usan. Para que te hagas una idea, los cultivares que desarrollamos son los primeros que se desarrollaron en Argentina y de los primeros que se desarrollaron en América.

—¿Por qué eligieron estas?

—Como te decía, somos un grupo fundamentalmente de docentes investigadores, tenemos varias asignaturas, varias cátedras de la Facultad de Ciencias Agrarias —Botánica, Genética, Ecología— y venimos trabajando desde hace mucho tiempo en un programa que se denomina Programa de Documentación, Conservación y Valoración de la Flora Nativa. La documentación la hacemos a través de un herbario que tenemos en la facultad; la conservación a través de un banco de germoplasma, y la valoración a través de diferentes proyectos, y hemos priorizado algunas especies que nos parecía que tienen más valor forrajero y que inclusive han sido estudiadas en otros países como las más factibles de ser cultivadas. En función de eso elegimos esas especies.

—Tenían una referencia internacional de que funcionan...

—Exactamente. Para que tengas una idea, muchas de las especies forrajeras que tenemos en América fueron valoradas en otros países antes que en los países americanos. Hace bastante que venimos trabajando, estas especies ya han sido citadas como forrajeras desde hace mucho tiempo, las seleccionamos en función de los materiales y del tipo de especies con que queríamos trabajar.

—¿Cuántos docentes investigadores son en el grupo que está promoviendo el proyecto?

—Dentro del programa somos docentes de varias asignaturas, Genética, Botánica, Ecología, y somos 15 personas.

—Están trabajando multidisciplinariamente, en un proyecto que sería una especie de extensión.

—Exactamente. En principio nos planteamos un proyecto de investigación y desarrollo que desembocó en esta idea de un proyecto de extensión con estos productores del norte de Santa Fe.

—¿Cómo se les ocurrió presentarlo al concurso y por qué piensan que es una experiencia replicable?

—Tuvimos acceso a información de este tipo porque, además de trabajar con los productores y la empresa semillera, también trabajamos con la delegación de la Secretaría de Agricultura Familiar de la provincia de Santa Fe. Ellos nos hablaron de la posibilidad de presentar esta experiencia.

—¿Y por qué la ven importante o replicable?

—La importancia está dada en que la producción de carne basada en pastizales es factible, se puede mejorar con diversas tecnologías que existen actualmente, como el pastoreo rotativo intensivo y demás, y sumarle algunas especies que podrían mejorar la calidad del pastizal y además permitir que estos productores se especialicen en la producción de semilla para tener una entrada extra es algo que vemos factible a diferentes niveles.

En la presentación hacemos referencia a que existen algunas iniciativas de este tipo en América Central, pero relacionadas con especies para consumo humano, como el poroto y el maíz. Lo que ocurre en esas iniciativas es que los pequeños productores, además de producir la semilla, tienen que convertirse en empresarios vendedores de semilla, y es muy difícil para ellos, a pesar de que están reunidos en asociaciones o en cooperativas, afrontar estas cuestiones relacionadas con la venta y demás.

Entonces se nos ocurrió incluir a la empresa semillera con la que trabajamos, que tiene experiencia en estas cuestiones de vender semilla y comercializarla, trabajar los tres para que la empresa —que está muy entusiasmada con este proyecto— se comprometa a comprarles la semilla, de modo que estos productores únicamente tengan que producirla, tratar de producir la máxima cantidad y calidad de semilla posible para después dársela a granel a esta empresa para que la comercialice. Todos los proyectos que existieron hasta ahora estaban encarados de una manera en que los mismos productores debían comercializar la semilla y eso siempre los llevó al fracaso.

—¿Hay algo más que quiera destacar?

—Este proyecto lleva varios años, estuvo financiado por diferentes proyectos de investigación y subsidios que hemos recibido. En los últimos 10 años en Argentina ha habido bastante convocatorias relacionadas con el trabajo con pequeños productores y gracias a eso pudimos acceder a estos subsidios que nos han permitido trabajar.

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