FIDA: herramientas innovadoras para la reducción de la pobreza rural y sus causas

 

Esta es la primera de una serie de notas en las que, a partir de entrevistas con gerentes de operaciones del FIDA en los países de América Latina y el Caribe (ALC) iremos mostrando las capacidades de innovación que el FIDA dispone e incorpora en cada una de sus operaciones de préstamo en esta región.

Las acciones de FIDA abarcan un área muy amplia en todo el mundo y a través de su cartera de proyectos —a nivel global— reúnen una muy rica experiencia en herramientas innovadoras, la mayoría de ellas que surgen de las mismas comunidades rurales, en las estrategias de reducir la pobreza rural, eliminando las causas que la generan y enfocando acciones amplias y diversas, atendiendo los diferentes focos que son generadores de pobreza, exclusión, discriminación y vulnerabilidad. El FIDA es un fondo de las Naciones Unidas fuertemente comprometido en el apoyo financiero, técnico y metodológico a los países para alcanzar los objetivos y metas de los ODS de la Agenda 2030.

 

FIDA Mercosur Claeh conversó en esta oportunidad con Ladislao Rubio, ingeniero agrónomo y economista uruguayo que desempeña la tarea de gerente de operaciones del FIDA para la República Dominicana.

 

La tarea del FIDA. Algunas claves para encarar la reducción de la pobreza rural

El trabajo del FIDA se centra, fundamentalmente, en reducir la pobreza rural poniendo especial énfasis en la generación de diversas formas de ingresos para la población rural. Estos pueden derivarse de aumentos en la calidad, cantidad y productividad agrícola, no solo para subsistencia, sino para volcar en los mercados (excedentes o cultivos de renta) y/o en empleo decente rural, agrícola o no agrícola generado a través del aprovechamiento de nuevas oportunidades de mercado. Rubio asegura que “se ha aprendido que, si solamente se atiende una parte del problema derivado de la pobreza como es el mejoramiento de ingresos, siendo esto importante, no es suficiente”.

La pobreza no es solo monetaria o económica. La pobreza es un problema multidimensional y si cada uno de los factores que la generan, no está siendo atacado con rigurosidad y eficacia, seguramente al poco tiempo se reproducirán una vez más, los ciclos que empujan a la población hacia la pobreza. Un aspecto clave para superar la pobreza (entre otros) es la seguridad alimentaria y nutricional. La calidad de la dieta, han empeorado en muchos casos, entonces el tema de la desnutrición tiene que ser parte de la agenda de trabajo. Para ello la calidad de los alimentos, tanto en contenidos calóricos, proteicos y grasos, así como la variedad de alimentos es clave. En ALC vivimos la paradoja que en un mismo país y hasta en una misma localidad conviven la desnutrición con la obesidad, por ejemplo.

El tema de género, que siempre ha ocupado prioritariamente a FIDA, atiende las problemáticas de la discriminación de la mujer rural y la falta de atención a su problemática integral, que es imprescindible tratar para no continuar la reproducción de los ciclos de la pobreza rural. Así como también el tema del afincamiento de los jóvenes en los territorios rurales, es un tema de gran importancia y que se observa como el gran desafío para trabajar en la región.

El concepto de resiliencia en la familia pone atención en que no es solamente el mejoramiento de los ingresos visto como tema productivo, es necesario que se observe el contexto de la familia. La producción agrícola es muy importante, pero normalmente las familias logran mejorar, sobrevivir y salir de la pobreza cuando combinan bien sus distintos recursos, incluyendo el trabajo de todos los integrantes de la familia y la principal inversión a futuro: la educación de sus hijos. La resiliencia de las familias a los shocks depende, entre otras cosas, de su capacidad de diversificar la producción agropecuaria y sus fuentes de ingresos fuera de la finca, del estado de salud de sus integrantes, de su capacidad de ahorro y acceso a seguros, de sus acuerdos asociativos y acceso a los mercados.

 

La nueva estrategia institucional del FIDA para estar más cerca de los países y de los destinatarios de sus acciones

Hoy en día, se está llevando el enfoque presentado más arriba, con una fuerte descentralización. Las oficinas, los responsables de cada país, se trasladan a los territorios, abriendo oficinas regionales para lograr atender las demandas de los países y de cada uno de los proyectos. FIDA, como agencia de las Naciones Unidas, opera con doble corazón, por un lado: financiando a los gobiernos para promover el desarrollo rural; pero por otro lado el foco está en el retorno de los resultados que se proponen. Está claro que son los gobiernos, a través de una definición de estrategia común que implica inversiones específicas para atender la pobreza, los que funcionan como unidad ejecutora. Esto pone en manifiesto lo imprescindible que se hace el trabajar desde la inclusión de las políticas nacionales. En ese sentido, señala Rubio, “nuestro centro siempre está en alinearnos, ser compatibles y comprender cuáles son las oportunidades y los espacios en el que podemos aportar a la política pública, y que los actores políticos se adueñen de esta propuesta”. Desde FIDA está en manifiesto, “un fuerte interés en la gestión del conocimiento, queremos aprender, junto a los gobiernos y los actores que trabajamos juntos, queremos aprender sobre lo que estamos haciendo” asevera Rubio.

 

Protección social e inclusión productiva

Las políticas sociales, que se han impulsado en América Latina (y también en el mundo), en la redución de la pobreza después de la crisis del 2000, han ayudado y han sido muy importante para atender los temas claves. Sin embargo, estas han dado mucho resultado en momento de crisis, creando especie de colchones para sobrellevar estos períodos. Pero, las estadísticas hablan de que cuando las economías mejoran generalmente las personas más pobres tienden a estar más retrasadas en mejorar sus ingresos productivos; entonces la política social tiene que complementar cada vez más, sobre todo en momentos de auge, con políticas genuinas de generación de empleo.

Es importante prestar atención a que, por lo general, predomina el sentimiento de querer trabajar y ser sujetos activos, no sujetos pasivos a los que solamente se les pase recursos monetarios. Entonces esas políticas sociales, que no hacen sentir a la gente activa, pueden llevar a problemas de automarginación por la pérdida de la autoestima, a que la gente tienda a separarse de la sociedad, y esto asociado a temas como son el narcotráfico está llevando a un problema serio en América Latina. Las políticas de protección social (buenas herramientas para salir de las crisis severas y para atender la “deuda social” inmediata), se vuelven negativas en cuanto a los valores de la dignidad del trabajo, la igualdad de oportunidades y el pleno ejercicio de la ciudadanía. Es imprescindible que la inclusión social esté acompañada de políticas, incentivos, objetivos que obren por la creación de trabajo genuino, para que las familias sean partes activas de la sociedad. Si se observa y hace un planteo sobre los pequeños productores y sus familias como sujetos activos, los enfoques permiten mejorar sus ingresos y su situación.

 

De “pequeño” productor a “pequeño” empresario – asociativismo

Para que el pequeño productor se transforme en un pequeño empresario hay que incentivarlo; pero pasa también que a veces no tienen las características o el deseo de serlo. En ese sentido, hay que pensar oportunidades de empleo. Cuando se trabaja en ambientes como organizaciones en las que son parte productores más capitalizados, aquellos que han superado la primera brecha de acceder a mercados, con aquellos que aún no, pero tienen la motivación para serlo, se crean ciertas sinergias positivas. Rubio asegura que “esto lo vemos con la experiencia, nosotros hace muchos años promovíamos organizaciones nuevas, integradas mayoritariamente por familias pobres. Pero la práctica nos ha enseñado, que si queremos que estas familias mejoren es necesario que las organizaciones tengan ciertas capacidades, y para que esto suceda tiene que convivir, tiene que ser parte de algo más organizado y más dinámico”.

Por otro lado, existen riesgos de que se generen elites dentro de las organizaciones que tiendan a excluir a los más pobres, las mismas dinámicas de los mercados. Por eso es importante intervenga la política pública para dar seguimiento a ese tipo de situaciones, y dar incentivos específicos para que estos pequeños productores que pertenecen a organizaciones más complejas puedan verse incentivados. Estos incentivos específicos pueden ser capacitaciones, acceso a financiamiento, pero fundamentalmente se requiere de un fuerte seguimiento. “Podemos crear los mejores incentivos, pero si luego no hay un seguimiento para que esto se cumpla se tiende a que los más pobres queden por afuera”.

 

La experiencia innovadora en República Dominicana

Una interesante experiencia de la Alianza Público Privada (APP) se dio en República Dominicana, entre la Dirección General de Cooperación Multilateral (DIGECOOM) y la Junta Agroempresarial Dominicana (JAAD). Esta última reúne a productores, pequeños y grandes productores, presentes en el país. Nace con el espíritu de servicio, para promover el desarrollo y favorecer a sus asociados, como así también al sector, para para ayudar con el acceso a los mercados. Esto incluye desde asistencia técnica especializada, promover negocios, búsqueda de merados, inocuidad, laboratorio, es una institución nacida para brindar servicios en un entorno netamente empresarial.

República Dominicana es un país donde se verificó una gran apertura comercial hace algunos años y eso ha venido acompañado con apoyos específicos, sobre todo de la Unión Europea, que ha motivado una gran dinámica de la producción agrícola. Esto ha generado una cierta relegación de los tradicionales rubros de producción (caña de azúcar, café, arroz, etc.) a un segundo plano frente a rubros de gran dinamicidad y gran potencial exportador. El país tuvo este fenómeno de apertura, tiene muy buenas condiciones agronómicas y está en un lugar estratégico. Mientras las islas de caribe importan un 80 % de lo que consumen, República Dominicana produce internamente el 85 % de lo que consume. Entonces las características y sus políticas han permitido la creación de estos mercados nuevos que aún no se han concentrado. Esto significa que todavía hay muchos mercados, y los pequeños productores pueden vender directamente sin que se creen espacios oligopólicos que ponen barrera a estos pequeños productores.

El contexto político, además, ha puesto énfasis en la inclusión productiva de las familias rurales, lo que ha facilitado el aprovechamiento de estas oportunidades económicas y de mercados. En un estudio actualmente en curso sobre la alianza público privada (APP) mencionada anteriormente se han podido detectar sinergias y complementaciones entre sus socios dirigidas a potenciar los procesos de aprendizaje de los productores y sus organizaciones, el aumento de escala de los negocios y su competitividad.

Desde el punto de vista del desempeño del proyecto en el país, uno de los hallazgos del estudio mencionado ha sido que la mecánica de ejecución de esta APP ha permitido armonizar los requisitos y tiempos burocráticos y administrativos para la movilización y el flujo de recursos públicos de financiamiento hacia los beneficiarios, a los tiempos y lógicas requeridos por el sector privado para organizar la producción, la comercialización y la logística y cumplir con los negocios pactados.

 

 

 

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