Huerta Orgánica de la Juventud: un original proyecto social y "de salud" en Argentina

La Huerta de la Juventud no es una huerta cualquiera. La llevan adelante jóvenes (algunos estudiantes) de una pequeña localidad argentina y una parte de lo que produce se dona a comedor escolar. Además tiene productos especiales, como tomates de distintos colores (amarillos, verdes, azules) y algunas variedades vegetales poco conocidas en la zona.

Así contó Christian Polidoro, uno de los integrantes del proyecto que se desarrolla en la localidad de Bouquet, provincia de Santa Fe, Argentina y que fue otro de los seleccionados en el II Concurso de Buenas Prácticas en Agricultura Familiar que organizó Fidamercosur.

Comenzó en abril de 2012, tras la creación de un grupo de jóvenes en la localidad. La finalidad del grupo era realizar algún proyecto que fuera beneficioso para la localidad. Principalmente, estaba orientado a solucionar el déficit de trabajo, a apoyar microemprendimientos, a generar actividades de entretenimiento y recreación.

En un evento que se realizó en la localidad, con el apoyo de la comuna del pueblo, se recaudaron fondos (mediante un servicio de bufet) y con eso se creó el proyecto de la huerta orgánica.

“Entre los objetivos que teníamos para este proyecto estaba no solo generar fuentes de trabajo, sino también generar alimentos saludables para la localidad, beneficiar a instituciones —en este caso un comedor escolar, llevarle alimentos—, dar valor a la materias primas realizando productos como pastas, por ejemplo, con la acelga en el caso de hacer ravioles, ese tipo de cosas, pickles. Básicamente eso fue lo que se presentó del proyecto”, recuerda en entrevista con Fidamercosur Claeh.

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—¿Cuántos jóvenes estuvieron involucrados?

—En principio éramos cuatro jóvenes, después se fueron sumando otros chicos más. Este proyecto siempre estuvo orientado a la juventud, que era el rango de edad más perjudicado por el déficit de trabajo. Muchos chicos dejaban la escuela y a lo mejor no tenían la posibilidad de tener un trabajo o de continuar con sus estudios. Y también era la idea favorecer a chicos que tenían problemas tanto sociales como en temas de drogadicción, alcoholismo, ese tipo de cosas. Entonces lo que se buscaba en un principio con el tema de la huerta, y lo seguimos manteniendo, era que esas personas salieran de ese tipo de problemas.

—¿Cuántas personas trabajan en la huerta ahora?

—Actualmente somos seis, siete personas.

—¿El proyecto actualmente consiste en el trabajo en la huerta y la comercialización?

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—Sí. Parte de la verdura se lleva a un comedor escolar, eso va sin cargo, es parte de nuestro proyecto, y los sobrantes se reparten entre los que trabajamos en la huerta y un poco se comercializa, se vende en la localidad y en pueblos vecinos.

—¿De quién es el predio en el que plantan?

—El predio es de la comuna de Bouquet, es prestado por esa institución. Ahí realizamos todas las actividades desde el año 2012, así que ya hace unos años que venimos trabajando en eso.

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—En cuanto a los procedimientos orgánicos, ¿se tuvieron que capacitar?, ¿tenían conocimientos?

—Actualmente el control lo llevamos nosotros, no tenemos un certificado formal. En el tema capacitación, en un principio teníamos una ingeniera del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), perteneciente a la nación, que nos capacitó en el proceso de una huerta orgánica, nos brindó material didáctico para que fuéramos capacitándonos, y también con respecto a las semillas.

El INTA tiene un programa que se llama Pro Huerta, que entrega semillas orgánicas a cualquier persona que quiera hacer una huerta. En principio arrancamos con eso, y también nos brindaron unas herramientas. Después nos fuimos capacitando por internet, mirando videos, fuimos comprando libros, intercambiando ideas con otras personas. No solo con personas de acá de Argentina, a través de internet tuvimos contacto con gente de España, que están en otra estación climática —ahora allá están en primavera—, pero los conocimientos de huerta son básicamente los mismos.

No solo intercambiamos ideas, también hicimos intercambio de semillas, así que tenemos variedades de verduras que acá no hay o no se consiguen fácilmente. Con respecto a las semillas, no solo tenemos las que recibimos a través del programa Pro Huerta, sino que también producimos nuestras propias semillas, dejamos que las verduras cumplan todo su ciclo hasta obtener la semilla. Y también tenemos las que se comercializan en cualquier negocio, a veces compramos algunas de esas para el cultivo.

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—¿Cuáles son esas más raras que traen o que obtuvieron en el intercambio con España?

—Principalmente distintas variedades de tomates, tomates de distintos colores, amarillos, verdes, azules, blancos. Pimientos no solo de distintos colores sino de distintas formas. Una verdura que se llama romanesco, que es una cruza de brócoli y coliflor, que allá se cultiva bastante. Y unas variedades de zapallos, calabacines. Varias cosas.

—¿El proyecto ahora es un medio de vida para los integrantes?

—No, nos dedicamos a otras cosas. Yo por ejemplo soy estudiante de ingeniería en sistemas, no estoy involucrado constantemente con la huerta, con ese tipo de actividades. Algunos de los chicos sí, van dos o tres veces por semana, se dedican a eso, pero no viven de eso por ahora, hasta que podamos seguir creciendo. Porque el terreno que tenemos disponible es bastante grande y solamente estamos utilizando una tercera parte.

—La idea es utilizarlo completamente…

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—Sí. Hay otros chicos que también están estudiando y hay otros que tienen otros trabajos. No están más involucrados más que todo por falta de tiempo.

—Cuando se presentaron al concurso, ¿por qué les parecía que podía ser una experiencia replicable por otros o en otros lugares?

—Más que todo por el tema de la obtención de alimentos saludables, ya que en una huerta orgánica los alimentos tienen los nutrientes originales de la verdura. Porque cuando una huerta no es orgánica y se utilizan fertilizantes artificiales hay nutrientes que se pierden. También se nota mucho en el sabor, en el color de la verdura. Planificando bien, una huerta puede ser no solo un medio de vida económico, sino una forma de vivir que puede ser sustentable para cualquier familia y durante todo el año.

—¿Quiere agregar algo?

—Me quedó pendiente el tema de los fondos que se van obteniendo con las ventas. Esos fondos se reparten entre los integrantes del grupo. En mi caso yo no tengo ingresos por eso, lo único que hago es acompañar a los chicos, capacitarlos. El dinero se reparte entre los chicos que trabajan ahí y parte se utiliza para la compra de herramientas y de insumos que son necesarios para el proyecto.

—Es valioso desde el punto de vista social también, más allá de lo saludable de los alimentos…

—Sí, eso es lo que se busca más que todo en nuestro proyecto, está más orientado a lo social que a lo económico. A lo social y a la salud, porque hoy hay un problema muy grande con los alimentos.

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