“Me genera mucha emoción lo que estamos haciendo, porque es por convicción”

Milton Noel Casales fue quien presentó una de las experiencias ganadoras del II Concurso de Buenas Prácticas en Agricultura Familiar. Su proyecto, Emprendimiento familiar agroecológico, busca contar e inspirar con la forma de vida que él y su familia tienen.

Reciclan de forma sustentable y ecológica, recolectan agua de lluvia, tienen un baño seco (ahí transforman tierra que utilizan para el vivero), muelen su propio grano, tienen 10 colmenas y hacen la extracción de miel en una lavadora vieja que fue adaptada.

Hace 20 años que están radicados en el Cerro del Burro (Uruguay) y su lugar ha ido avanzando y mejorando ciertas técnicas. Por ejemplo, ahora están haciendo biodiésel para la camioneta familiar. Ese sistema lo creó Milton y para ponerlo en marcha recoge aceite de fritura de los restaurantes.

En diálogo con Fidamercosur Claeh, relató por qué encuentra felicidad en su modo de vida y por qué cree que el suyo es un modelo replicable e inspirador.

—¿Ustedes dónde están radicados?

M —En la ladera norte del cerro de los Burros, que está en Playa Hermosa, a seis kilómetros de Piriápolis.

—Y además de para ustedes, ¿producen para el entorno?

M —Tenemos tres órdenes importantes para manejarnos y que son los propósitos. El primero es la parte de la huerta, producir la mayor cantidad de alimentos posible para no depender de la compra y abastecernos con alimentos de buena calidad.

—¿El primer objetivo sería el autosustento?

M —Claro, con todo lo que tiene que ver con la alimentación y el agua. Porque el agua también la tomamos como un alimento importante.

El segundo es el reciclaje, reciclamos desde la madera seca que se seca en el monte hasta los hierros y todas las cosas que se necesitan, o cañerías que se necesitan para las infraestructuras, como bombas de agua, todo es material reciclado. Con eso logramos no necesitar dinero para comprar, sino tener el tiempo para hacer y construir las cosas que necesitamos a partir de la basura o del desecho de las demás personas, básicamente de los basureros.

Y el tercer orden sería el vivero de flora nativa. Estamos colaborando con nuestra flora, con nuestro ecosistema, en una producción comercial, que es “comercial”, porque no la tomamos como un negocio, pero sí como la parte de sustento económico. Esas plantas las producimos para vender. No lo tomamos como un negocio porque no hacemos ninguna publicidad, más bien lo tenemos como una parte de colaboración a la conservación de las especies nativas y una forma de obtener dinero. Cuando las otras dos prioridades no cubrieron, con la tercera, que es la parte del vivero, conseguimos el dinero para las cosas que necesitamos comprar.

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—¿Qué tipo de plantas venden?

M —Nativas, tenemos alrededor de 70 variedades, nombrarlas sería mucho.

—Pero ¿para el hogar, para decoración, medicinales?

M —Más que nada árboles y arbustos, y mucho nos interesa la parte de alimentación también. Los frutales de fruto comestible que más vendemos y más ofrecemos son guayabo del país, arazá de fruto rojo, arazá de fruto amarillo, pitanga, guabiyú, ubajay, ahora estamos cultivando papaya del monte también, varios frutales nativos, otros de frutos más chicos, como el chalchal o el arrayán. Muchos de ellos tienen usos medicinales.

—¿La papaya del monte crece ahí entonces? ¿Es parecida a la papaya caribeña?

M —Sí, el árbol se parece mucho, el fruto es muy chiquito, no sé si llega a 5 centímetros. Todavía no la hemos probado, pero el que me dio las semillas las está trabajando en su restaurante.

—O sea que estos dos ejes de autosustento y reciclaje serían la forma en que ustedes eligieron vivir. La producción estaría centrada en la parte del vivero, es con lo que intercambian…

M —Sí, pero lo más importante —por eso te nombré las prioridades— es la huerta, la parte de quinta, de producción hortícola. Cuando tenemos que ordenarnos, siempre le damos prioridad a la huerta, a resolver todo lo que podamos por nuestros medios, con los insumos que tenemos, y tercero el vivero.

—Pero no comercializan productos de la huerta. ¿O sí?

M —No, es todo para consumo interno.

—¿Qué tipo de productos plantan o producen en la huerta?

M —Tomamos como base siempre el maíz, el zapallo y el poroto, como lo hacían los nativos, y después el resto, tomate, lechuga, acelga, espinaca…

En el vivero priorizamos el tema de los frutales nativos como una parte, ofreciendo y promoviendo la sustentabilidad y para que se conozcan las riquezas del país.

—¿Cómo está compuesta la familia?

M —Somos siete personas, la pareja, que somos Claudia y yo, y cinco hijos, la mayor tiene 13 y el menor tiene 3 años, tres niñas y dos varones. Paloma tiene 13 años, Melina tiene 11, Camilo tiene 8, Luna tiene 6 y Lucero tiene 3. Hablando de la huerta te comentaba que somos muchas bocas, comen todos parejito y el predio es chico, es un predio de 3.600 metros, que para esto es bastante chico. Tenemos dos reservas de agua tipo tajamares, estamos almacenando agua para riego, agua potable de lluvia que juntamos de los techos, tenemos un espacio para cultivar, y también tenemos un espacio dedicado a la flora natural del lugar, otro a la flora nativa que vamos plantando y otro a frutales exóticos como durazneros, manzanos, ciruelos, perales, higueras, limoneros. Hay muchos frutales, tenemos muchos que no son de acá a los que estamos habituados en nuestra sociedad. Y el espacio es reducido. Tenemos el taller también, la casita que es chica, y la propuesta es vivir afuera todo el tiempo que se pueda, lo más conectados posible con la naturaleza y con el entorno.

—¿Hacen investigación, por ejemplo, para producir biodiésel? ¿Cómo van investigando las metodologías?

M —No mucho por internet, pero algunas veces recurrimos. No tenemos conexión, pero algún amigo nos asiste con esa parte. Y de gente que viene a visitar el lugar, así sea de visita o cliente, que pueden ser las dos cosas, siempre hay un comentario, un intercambio, y ahí muchas veces aparece una punta o ya la información compleja de algo. O también en algún libro, que no son muchos pero alguno tenemos para investigar. Las cosas vienen llegando. También aspiraciones que uno va teniendo en la meta, que lleva su tiempo madurar, ver si las llevamos adelante. Lo del biodiésel fue un sueño, un proyecto de muchos años. Hace tres años llegó un amigo con un video y con la misma inquietud, nos juntamos, hicimos la primera prueba, funcionó y después pasaron tres años más para que yo pudiera instalar, de hecho lo estoy instalando, pero ya estamos produciendo y hace más de un mes que estamos funcionando 100 % con el combustible casero a partir de un aceite de fritura que levantamos en un restaurante, lo reciclamos y producimos biodiésel. Hace poquito hicimos un viaje de 800 kilómetros y funcionó muy bien.

—¿Cómo hacen para combatir plagas en la huerta y en el vivero?

M —Depende, apostamos al aporte de la biodiversidad, que haya la mayor cantidad de especies posible compatibles y que aporten al sistema, que nos den un aporte y que puedan convivir. Después la nutrición del suelo, también generamos bastante abono en el lugar y hacemos mucha descomposición de materia orgánica. Y a veces utilizamos algún otro recurso, por ejemplo las conocidas chinches o vaquillas de los tomates, las fermentamos y hacemos un repelente que funciona muy bien y a veces hasta tiene algún efecto insecticida por prevención de enfermedades. Muchas cosas han sido investigadas por nosotros, pero la mayoría han sido tomadas de bases que se están experimentando, les ponemos el toque personal como la mayoría que lleva adelante algo, pero son cosas que están aplicando en otros lados, en otras experiencias. Acá desde los inicios hemos tenido la propuesta, y parte de nuestra investigación para ir llevando adelante o creando o descubriendo esta forma de vida que está en proceso, porque es lo que sentimos, porque siempre hay para aprender y para mejorar, siempre que sea desde la diversidad y desde lo integral. Todas las partes que se puedan integrar en una misma unidad que sea compatible. Esa es la parte más importante. Entonces que ahí venga el tema de la conservación, de la ecología, de la parte social, de la familia, de la espiritualidad, a todo ir encontrándole y asumirlo de esa manera, como un vínculo entre todas las partes, porque es lo que buscamos y en lo que creemos, que todo sea uno y que uno sea todo.

—¿Entrarían en lo que sociológicamente se llama los neocampesinos, gente que se fue de la ciudad al campo inspirada en esto, en tratar de vivir más conectada con la naturaleza?

M —La familia nuestra son campesinos y casi casi vivieron la misma realidad. Justo en la época de nuestros padres hubo un corte y ellos dejaron esa forma de vida para trabajar más que nada en oficios y un poco también al servicio del turismo, porque es una zona turística, muchos de los oficios tienen ese fin acá en un área turística, como un servicio a una zona.

(…) Tanto en la familia de mi padre como en la de mi madre los abuelos eran de origen campesino, mis bisabuelos también, mucha descendencia de Islas Canarias, toda gente vinculada a la agricultura, eran agricultores.

—Tenían tradición…

M —Estamos viviendo un corte, nosotros no pudimos tener el pasaje directo de la experiencia. En ese sentido tuvimos que empezar a investigar y a recurrir a la gente que todavía tenía el conocimiento un poco más tradicional, que fue por donde empezamos. De ahí hemos seguido nuestra propia investigación, con los indígenas también, buscando siempre lo más ancestral, lo más conectado con la naturaleza y tratando de aprender. En ese camino estamos. Y como referentes del lugar, de repente no somos quienes lo tenemos que decir, pero mucha gente nos toma como referencia por ser más de la zona. Porque en realidad lo que tú nombrabas, la mayor parte de ese fenómeno se da de la ciudad hacia el campo, pero todavía la gente del campo se sigue yendo a la ciudad. Nosotros somos un fenómeno medio extraño, yo viví en Montevideo, hice mi experiencia dedicado a saber lo que era vivir en la ciudad, así que lo pude ver, viví más de cinco años en Montevideo, tuve un pasaje por Buenos Aires también, que me dejó bien claro que el camino para mi vida era por este lado, y con Claudia tenemos el mismo rumbo.

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—¿Qué edades tienen ustedes ahora?

M —Yo tengo 50 y Claudia 44.

—¿Cómo se relacionan con el entorno, con otros productores, otras familias? ¿Tienen algún tipo de organización?

—Hemos formado varias, muchas, en todos estos años, muchas con muy buena experiencia, pero lamentablemente creemos que todavía necesitamos más preparación los humanos y esta sociedad para poder llevar algo en una forma liviana, como debería ser, en un trabajo grupal. Porque generalmente se da, no solo en las experiencias que hemos tenido nosotros, sino también en las que han tenido otros. Mantenemos un vínculo permanente con el entorno, con diferentes experiencias, pero el ser humano en comunidad o en grupos puede lograr, como lo hacen muchos animales, cosas impresionantes y mucho más livianas de lo que nos cuesta hacerlas en forma individual. Con menos esfuerzos logran mucho más, de mejor calidad, tanto para adentro como para afuera. Y la mayoría de las veces terminamos con buena experiencia pero con alto gasto de energía, mucho esfuerzo para poder sostener la energía grupal. Termina siendo muy costoso, la mayoría se terminan disolviendo porque termina habiendo agotamiento, cuando debería ser al revés. Creemos que todavía estamos muy verdes para volver a esos tiempos, pero nos estamos preparando para eso, no solo nosotros, nos estamos preparando para un tiempo nuevo y ya llegará.

—¿Cómo ven o cómo imaginan el futuro de los niños respecto al modo de vida?

Sabemos bien que ellos están formando parte de nuestro proyecto, pero no es el proyecto de ellos. El proyecto de ellos lo van a formar ellos, ojalá sea cerca o sea igual o lo que sea, pero eso son aspiraciones, no son convicciones, uno no puede asegurar. Ni siquiera el nuestro podemos asegurar, porque si queremos vivir en el presente no podemos atarnos a una idea de futuro. Esa es la propuesta. Por ahora cuando pensamos en cómo podríamos desviarnos del camino que estamos haciendo no vemos otro lado para donde seguir. O sea que no tenemos mucha duda de que estamos en el camino, no siempre sabiendo si está totalmente cierto o está equivocado, pero estamos convencidos de que es por donde queremos ir.

(…) Para nosotros es importante es el trabajo que hacemos con la gente que viene. No es un lugar al que venga muchísima gente porque está armado más o menos para que vengan pocos pero buenos, como dicen algunos. Viene gente que está realmente interesada en lo que va a ver. Porque aparte el lugar de acceso es un poco complicado, es fácil llegar pero no es tan fácil, no está tan expuesto como un lugar más accesible, como un punto comercial en alguna ciudad o algún pueblo. Y un trabajo importante, al que le dedicamos bastante tiempo, es mostrar lo que hacemos como una forma de difundir desde nuestro lugar. Tú hablaste del tema de los grupos y todo eso, también lo hicimos en agrupaciones como la comisión de vecinos y todo eso y armando proyectos. Ahora estamos sintiendo que desde acá y desde hace un tiempo queremos tener la oportunidad mostrarle a la gente que viene, a la que le gusta algo de lo que hacemos, mostrarlo en el mismo sitio y con la emoción de la experiencia. A mí me genera mucha emoción lo que estamos haciendo, porque es por convicción, por una cosa que queremos, y al ver que funciona uno lo puede trasmitir desde mucho más adentro.

Entonces sentimos que es un aporte que le hacemos al lugar, al medio donde vivimos y a las cosas que queremos y en las creemos, los temas ambientales, de conservación y de alimentación, y la libertad. La libertad es un punto clave, la libertad, la felicidad, el amor son una cosa clave, a la que tenemos que ir direccionados por el método que sea, siempre que nos lleve a transitar ese camino o esa búsqueda.

Es lo que tenemos que lograr, a veces lo que logramos es alguna salpicadura, pero cuando la logremos creo que todo va a ser más fácil para todos, no hay que hablar tanto ni presentar tanto proyecto. Eso, poder mostrar el lugar. Hay gente que no viene a comprar plantas, la atendemos igual, y hay gente que viene a ver el vivero y no compra nada. No buscamos venderle nada tampoco, en el intercambio siempre hay alguien a quien le interesa lo que está viendo, la explicación, y ahí muchas veces se da lo que tú preguntabas, siempre alguien deja algo, […] algo, una inquietud, una pregunta o algo para que uno empiece a buscar, o un interrogante, una duda, cualquier cosa. O la emoción de que va a ir a hacer el 1 % de lo que vio y de lo que se acuerda. O que le gustó simplemente y se va contento porque le gustó algo de lo que vio. Esa es la idea, y que eso funciona acá en este lugar.

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